La pobreza está tan generalizada hoy como lo estaba hace cincuenta años cuando se redactó la Declaración Universal de los Derechos Humanos ayudada por muchos factores como calamidades naturales y falta de acceso a recursos mínimos Pero la mayor calamidad proviene de la mano y voluntad misma del hombre, de su insensibilidad para tratar los problemas de otros hombres, sus propios problemas.
Para solucionar problemas de tal envergadura, es menester sensibilizar e involucrar a la humanidad, de manera que todos estemos comprometidos en la culminación de este dilema desde la posición en la que nos ha tocado vivir.
Si los que podemos poner un granito de arena en el mejoramiento de los niveles de vida de la población no lo hacemos, o no aprovechamos de una iniciativa para hacerlo, nuestras regiones, que son tan ricas en recursos naturales y humanos, seguirán empobreciéndose a niveles más bajos de los que ya han llegado; y las consecuencias de este empobrecimiento se dejan sentir no solo en los niveles más pobres sino en todos los niveles, cuando vemos por ejemplo que la criminalidad y los índices de drogadicción aumentan por estas causas.
Por lo general, los habitantes de montaña viven en escenarios bellísimos y ricos en recursos naturales, muchos de los cuales son destinos privilegiados para turistas que busquen aventura y que deseen deleitar su vista con bellezas escénicas, y la mejor manera de proteger dichos escenarios se da cuando sus habitantes, satisfechas sus necesidades primarias, asegurada su propia subsistencia y mitigada su angustia existencial, descubren la verdadera belleza y maravilla del mundo que los rodea.
Es mucho mejor efectuar inversiones en prevenir y evitar conflictos que verse en la obligación de gastar una fortuna en combatirlos mas tarde, y esta es una excelente oportunidad para demostrar que la unidad es algo sencillo, fundamental y que mucha gente, sobre todo jóvenes, están dispuestos a trabajar voluntariamente para dar solución a muchos de los problemas en los que estamos sumidos, y que nuestras culturas y parajes son maravillosos y le pertenecen a la humanidad en su conjunto, por lo que es responsabilidad de todos velar por su conservación y progreso.
Con esta iniciativa en pro de la pacificación, se busca promover un sentido de hermandad que demuestre que la distancia no es un pretexto para la desunión y que el desarrollo y el bienestar, no son favores o actos de caridad por parte de los gobiernos y los organismos de cooperación. Por el contrario, son derechos humanos tan válidos hoy como lo eran hace cincuenta años cuando se firmó la Declaración Universal de Derechos Humanos, y que para lograrlos es menester involucrar a las personas a que se comprometan a ello desde la tribuna en la que les ha tocado vivir.
Si realmente aspiramos a vivir en un mundo seguro, mas vale que efectuemos hoy acciones en pro de la pacificación que anhelamos.
El tema es actual y está muy bien planteado.
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